Dios bendice a los niños
Para reconocerte e imaginarte
me bastan los pájaros de las tapias,
estas cuatro esquinas llenas de flores
y el carmín desgarrado de tus ansias
en el cuello sucio de mi camisa.
Puesto ya en tiempo de amores, elevo
a la claridad todas mis plegarias.
Grito al mundo que tuve otras palomas
anidando en el hueco de mi almohada
y hasta alguna promesa de sonrisa
ingenua para el muladar de mi alma.
Pero que ninguna fue tan gozosa
en el tardo menguar de la jornadas
como aquella que al marchar te dejaste
olvidada en el confín de mis sábanas.