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Edad de interés, años: desde 16
ISAÍAS NOUGUÉS es un artista gozador de su arte, el dibujo, con el que ha logrado un refinamiento creativo impecable, pero, a veces, como en este libro, necesita decir lo indecible con palabras.
Y los poemas son una meditación sobre su existir marcado por el pecado, el cielo prometido y la muerte. Por eso las Voces que alientan sus poemas se callan al decirle que en cada muerte vivirá su muerte.
Pero esa guía existencial que no tiene nada de providencial, y más bien proviene de una existencia feliz aunque dolorosa por la precariedad de la carne, no sólo lo condujo a leer La Cruz, una revelación personal intransferible, sino también a su renovación en el punto Omega: "Ese día sin horas/ ni cielos/ ni llantos/ lo nunca sabido será Conocimiento/ Encuentro... Dios".
Cada poema es como una espiral que extrañamente vuelve al principio. No entrañan una experiencia lírica ni mística. Están hechos con la mano del jugador de rugby que supo transformarse en un dibujante inolvidable: "Suspendido de un punto/ el gesto se hizo trazo/ y accedí/a secretas dimensiones del espacio/ En cada forma dibujé mi vida/ Guardé mi muerte".
Arturo Álvarez Sosa