¿Por qué la mayoría de las personas que se sienten incómodas frente a la vejación de los derechos humanos no actúa de la misma manera que lo hace un activista? ¿Por qué su molestia e indignación no les conduce a emprender un movimiento social, documentarse para conocer a profundidad las causas o promover una reforma de ley?
En el ánimo de desentrañar las razones que expliquen tal hecho, Los Desentendidos. Crónicas de desafección, encuentra en la literatura y la crónica periodística una serie de recursos que permiten a su autor recrear, sin filtros, ni circunloquios estilísticos, un conjunto de historias que dejan al descubierto algunos de los mecanismos que activan nuestra pasividad moral frente a la injusticia, llevándonos al punto de vernos como protagonista de alguna de las tramas o, mínimo, como un actor secundario.
Habrá quien no las sienta como una alusión personal, pero lo que resulta poco probable, por no decir imposible, es disociarse de ellas, porque cada una de las historias se enhebra en restaurantes, hospitales, escuelas, iglesias, cafeterías, peluquerías, plazas, oficinas, avenidas, correos electrónicos, chats telefónicos, portales, cocinas, recámaras y salas de estar, es decir, los espacios que habitamos cotidianamente.