Para hombres como Gurí, apunta De Viana por medio de su narrador, el amor debía ser sólo una necesidad orgánica, sin velocidades ni cortejos. El muchacho despreciaba a Clara; sin embargo, para su mal, con aquella mujer “se hizo placer y adquirió el hábito”, una costumbre tiránica que lo avergonzaba. El lector tiene en sus manos un retrato costumbrista del Uruguay de finales del siglo XIX y de esa sociedad ampliamente estratificada, de los grandes hacendados a la plebe harapienta, que fue pasto de revueltas, revoluciones y transformaciones sociales que marcaron, en definitiva, el rostro de la pampa y que dieron al traste, más tarde que temprano, con ese género fundamental que fue —y es— la literatura gauchesca.