Aquí empieza la magia con El Milizho
Esa mañana Juan salió a la hora de costumbre. Llevaba, a la espalda, la mochila y en el bolsillo del pantalón algunos puñados de porotos. Es que desde hacía una semana se había iniciado el juego. Como por arte de magia habían desaparecido los trompos, las bolas, y habían asomado las grandes manadas de porotos de todos los colores...