Que todas las obras de los seres humanos tejen la vida y nos
definen como pueblo es lo que, a lo largo de los ocho capítulos de este libro,
Juan Luis Mejía nos demuestra con dedicación y minucia de relojero. Devela el
engranaje y los vasos comunicantes que hilaron hechos, ideologías, movimientos
artísticos, obras de arte, conflictos, amores, odios; destaca a personas
únicas, fundamentales, que cada época aplaudió o ignoró en Antioquia y que hoy
reciben en estas páginas un justo reconocimiento a su legado.
Este trabajo que abarca un poco más de un siglo, desde 1820
hasta 1940, en una mirada de panóptico también de rizoma, indaga, pregunta,
escarba, ata, desata y deja que hablen los hechos para que esa "flor que
se abre lentamente", nuestra cultura, emerja con sus luces y sombras, como
lo declara el autor. De las luces el libro da cuenta de manera exhaustiva. Pero
es aquello que nos marcó con dolor, los acontecimientos poco loables, como los
que se narran en los "paréntesis para la guerra", en donde se nos revela
que las sombras que tendieron sobre el país los conflictos armados, con todo su
horror y su crueldad, también fueron motivo para la búsqueda de una identidad,
para definirnos a partir de los conceptos de civilización y de nacionalidad.
En la construcción de lo que podemos llamar hoy "lo
nuestro", Juan Luis recorre la historia de Antioquia y destaca la enorme
contribución de la minería a nuestra identidad regional, no solo por los nuevos
conocimientos que trajeron los ingenieros extranjeros, sino porque abrió la
posibilidad de que surgieran artesanos, expertos que luego pudieron ofrecer a
las clases más pudientes aquello que, siendo suntuario, civilizó gustos, refinó
comportamientos, nos hizo preguntarnos por lo propio: plateros, orfebres,
herreros, pintores, mamposteros, marmoleros, daguerrotipistas, impresores,
artistas... En ese camino, el autor destaca la influencia de algunas familias
que, desde los talleres de artes y oficios, formaron a muchísimos artesanos,
luego artistas, y "fueron verdaderas escuelas de formación y
experimentación". Una herencia que se transmitió de generación en
generación. El trabajo de muchos años de investigación, de interés por nuestra
cultura regional, está plasmado en estas páginas que se leen como una crónica y
como una novela y en las que nos reconocemos. Más allá del interés histórico
invaluable, este libro se convierte en la mejor herencia para las nuevas
generaciones, que podrán entender más de dónde venimos, cómo nos emparentamos y
tejemos nuestra cultura. Presentamos con orgullo El hilo que teje la vida, que
su autor quiso alguna vez, con razón, que se llamara también "retrato de
familia".
Claudia Ivonne Giraldo G.