La torre como singularidad dentro del repertorio tipológico de la arquitectura moderna presenta una compleja construcción etimológica, sustentada en cuestiones tecnológicas, constructivas, simbólicas, económicas. Como especie urbana da cuenta de su relación con los contextos en los que se desarrolla. Su estudio, partiendo de las nociones de límite y formato, permite entender cuáles son los diferentes dispositivos que generan su impronta urbana.
Montevideo, donde los procesos sociales, urbanos, e incluso arquitectónicos, pueden entenderse como mediaciones permanentes entre elementos distintos y a veces contradictorios, es un territorio propicio para entender la compleja dinámica entre ciudad y torre.
Las torres montevideanas recorren un derrotero esquivo permanente, buscando un lugar donde desarrollarse. La ciudad, a su vez, despliega sus reglas mediadoras, convirtiéndolas en nuevas especies articuladas dentro del repertorio internacional.