En este poemario de Carmen Amato Tejeda, la lluvia cumple con su bitácora desde que es anunciada por los vientos de abril para luego convertirse en una tormenta de siete días en junio, alcanzar su clímax en septiembre con tormentas eléctricas y, finalmente, desaparecer en octubre.
La autora contempla la lluvia desde variados escenarios y logra construir una metáfora sobre el ciclo de la vida, pues durante el temporal también acurre el suicidio de una esposa despechada; ejecuciones que tiñen las calles de lluvia escarlata; un amor que languidece marchito, y otro, que florece renovado como los pastos húmedos.