Cuando los estudiantes ingresan a la educación superior, enfrentan un proceso de transición que les exige una gran capacidad para de adaptarse a un sinnúmero de nuevas experiencias. Comenzando por nuevas dinámicas en el manejo de los espacios, de formas de interactuar, y de prácticas pedagógicas, entre otras, encuentran luego una demanda de mayor responsabilidad, autonomía, disciplina y capacidad de autorregulación y, en general, de una gran resiliencia frente a la vida universitaria. El reto de adaptación a la educación superior cobra mayor relevancia cuando el estudiante opta por la modalidad virtual, pues, además de enfrentar el cambio natural que implica la entrada a la universidad, éste debe lidiar con procesos mediados por tecnología no sólo solo a en el nivel de la interacción con sus compañeros y con sus docentes, sino, también, con los contenidos y los recursos de aprendizaje, lo que dificulta aún más su adaptación al nuevo contexto de aprendizaje.