General
Yo soy yo
A Federico le escurría la sangre por el rostro y estaba como tonto, no atendía las manchas que dejaba, no intentó taponar la herida con las manos, veía al infinito como si no encontrara punto en tanto espacio, como si de pronto estuviera en un surco distinto de la vida. Así estuvo sentadito mucho rato, no se quejaba, parecía un muerto atorado por la espalda, o un faquir musculoso que medita. Luz María se había hincado nuevamente, no entendía que el castigo no acosaba, que con su sola decisión había doblado la punta del destino, y como no comprendiera tales asuntos, se asustaba. Aún tenía el cuchillo entre las palmas, lo jugaba con los dedos, extendió las pocas gotas adheridas a la hoja hasta que se secaron. ¿Cuántas horas transcurrieron en el trance? Los ruidos de la calle no se oían, y el silencio, espeso, asfixiante, fue como si la despertara: Luz notó en el cuarto tampoco se oía ningún sonido, ni de despierto ni de quien duerme. Volteó para todos lados sin que encontrara tranquilidad, se levantó volando al baño y volvió con el azoro dibujado [...]